domingo, 29 de enero de 2012

Madurescente GIG: licencia para innovar

Dándole vueltas a mi conferencia para ExpoElearning 2012 rescato y modifico (MT) un texto que me envió mi amiga Marta Penina y que pienso incluir como mi particular definición de #madurescencia:


#MADURESCENTES:


Franja social que antes no existía. Generación que no tiene entre sus planes el hecho de envejecer.
Novedad demográfica de la generación del "baby boom" como en su día lo fue la aparición de la "adolescencia" a mediados del siglo XX.
Generación que ha llevado en general una vida razonablemente satisfactoria.


Hombres y mujeres independientes que ni piensan en la jubilación y si ya se han jubilado disfrutan de la vida sin miedo al ocio o a la soledad. Personas saludables, curiosas, activas.
Personas que se sientan frente al ordenador como si lo hubieran hecho toda la vida, se van olvidando del viejo teléfono y escriben e-mails, posts y hasta tweets con sus ideas y vivencias.
Por lo general están satisfechos con su estado civil y si no lo están, no se conforman y procuran cambiarlo sin complejos.


No lloran cuando pierden: reflexionan, toman nota y a otra cosa mariposa.


Mujeres y hombres "Atlas" que mantienen y soportan a la vez a sus descendientes y a sus ascendientes y que no dedican su ocio a las máquinas del gimnasio sino que saben de la importancia de una mirada cómplice, de una frase inteligente o de una sonrisa iluminada por la experiencia.


Hombres y mujeres que sufren discriminación laboral por edad y tienen muy difícil si están desempleados el volver a la empresa y por ello deciden emanciparse, entran en el período más creativo de sus vidas y se convierten el los dueños de su destino:


Emprendedores Maduros o la #Madurescencia superada >madurescencia

Madurescencia y revolución interior

Hoy es siempre todavía - A Huxley



Llueve al fin y hace frío. Ya era hora... Dedico el fin de semana a escribir, a mano.
Este 2012 está arrancando con mucha parsimonia y eso me permite dejar de lado por unas horas la búsqueda de materiales, la recopilación de enlaces interesantes en tweets, el sumergirme en internet buscando perlas ocultas y sentarme frente a mi libreta nueva y dejar que la mano corra sola en un ejercicio de escritura automática que hace muchísimo tiempo que no intentaba.


Y vienen a mí imágenes e historias que hablan de la fragilidad de  cada uno de los seres humanos, el delicado equilibrio que nos mantiene en pie y serenos mientras a nuestro alrededor un remolino, cuando no un ciclón de cambios continuos, crisis monstruosas, hecatombes... nos mueve el escenario que tenemos bajo los pies.




Ninguna certeza, "todo por hacer", como dice Pau García Milà, paseando alegremente junto al abismo que nos dibujan desde la tele, desde la prensa y, sin embargo..., nunca me pareció el mundo más preñado de posibilidades, nunca me sentí más inicial, comenzando una aventura estimulante, una nueva historia. 


Hoy más que nunca sé que ha llegado mi hora, nuestra hora, la hora de los solitarios que no aceptamos órdenes de jefes mediocres, ni de autoridades impuestas. La hora de los que creemos que cada uno de nosotros ha estado esperando que todo se pusiera patas arriba para volver a empezar, volver a intentarlo, inaugurar de nuevo la historia.




Cualquier tiempo pasado fue peor. Tardas mucho en darte cuenta de que sólo tienes presente. Nunca me costó nada olvidar, cerrar puertas, pasar página. 


Y hoy estreno el mundo futuro, el que inauguró internet no hace mucho, el de la generosidad y la colaboración, tiempos líquidos, época de incertidumbre, según Zygmunt Bauman, sociedad en red con conexiones y desconexiones aleatorias, la era del fin de la soledad quitando lo que tiene de peyorativo el artículo de William Deresiewicz y dejando la idea de que internet puede aliviar nuestra soledad. 


Revolución madura, transformación permanente, mundo beta... el inicio de una historia.

martes, 10 de enero de 2012

sábado, 7 de enero de 2012

Traspiés y reinvención: Historia de una caída feliz


En noviembre de 2009 me rompí un pie. Cuatro metatarsos del pie izquierdo, para ser exacta. La noche anterior había salido a cenar con dos amigos. Me acosté tarde y al sonar el despertador a la mañana siguiente, me di la placentera media vuelta del "cinco minutitos más..." que se convirtieron en tres cuartos de hora. Salté de la cama tan violentamente, que apoyé el pie izquierdo por su reverso, oí un ruido extraño que se convirtió en un dolor insoportable al rato.


Fue el inicio de mi revolución personal, el inicio de un proceso de transformación que todavía no ha terminado.

¡En el dique seco! yo que organizaba mi vida alrededor de mi trabajo. Dependiente yo, que me creo el paradigma de la independencia. Sin trabajar, qué peligro, yo que siempre he "inventado" mi trabajo y... con miedo: Si no estoy..., no hago falta..., no me necesitan..., no me sustituyen...

Así que mi trabajo no podía meterse en las cajitas de los que analizan perfiles competenciales... ¡UYYYYY!!!! Así que mi trabajo consistía en inventar nuevos escenarios formativos.... ¡UYYYY! enseguida pensé que si alguien se daba cuenta de eso, lo tendría muy crudo porque no estaban los tiempos para nuevos experimentos...


Con mi pie a rastras comenzó una nueva etapa en mi vida, mucho más social, volví a los amigos y al estudio como a los veinte años.


Soldaron más o menos bien mis metatarsos y todo a mi alrededor empezó a cambiar vertiginosamente.


Salí de la espiral del huracán autónoma, con un business plan y con un portfolio (¡qué modernidad!!!) de servicios y enseguida descubrí que mi ventaja competitiva tenía que ver no con la modernidad sino con la "experiencia", con mi edad y el hablar de redes sociales desde la cincuentena.


Como dice Ken Dychtwald el período 50-70 en la vida representa la búsqueda de una nueva identidad y la entrada en esta etapa tiene nombre: es lo que se ha dado en llamar "MADURESCENCIA" (middlescence) que según The Free Dictionary se utiliza para describir al inquieto baby boomer (35-65) y se caracteriza desde un punto de vista negativo por la frustración, el cansancio, el aburrimiento y la alienación y desde el punto de vista positivo por la aparición de grandes dosis de autodescubrimiento, nuevas direcciones vitales y profesionales y nuevos valores.


Es ese momento en que nos preguntamos:


¿Y ahora qué?


El objetivo es superarla ya que en el fondo esconde una combinación entre madurez y obsolescencia y nos ayudará a superarla el aprendizaje de nuevas habilidades digitales, el dejar atrás la ética de no cambiar de trabajo y el descubrimiento de nuestro oculto potencial talento.


Construiremos así una nueva identidad que llenará de sentido el tercer capítulo 




En ello estoy.....