sábado, 21 de junio de 2014

Emprendiendo: Soy el señor Lobo, soluciono problemas. Capítulo 10 de La Revolución de los Golden Workers

Nuevos negocios para los Golden Workers


 

Fran se instala en casa de Dafne al día siguiente. Tiene pocas pertenencias, le gusta ir "ligero de equipaje", como decía Machado, comenta, y se encierra en la habitación (para preparar una conferencia, explica) de donde sólo sale para pedirle a Dafne algo de cena.

Mañana llenaré la nevera (algo que jamás sucederá) he tardado más de lo que pensaba en instalarme..., se excusa y se cena tan ricamente una ensalada, dos huevos fritos en los que moja media barra de pan y un yogur.

Ayer, al acabar la cena con los candidatos a inquilinos, Dafne habló con Arturo: Voy a intentar ayudarte, le dijo. Mi prima Nuria regenta desde hace un montón de años un bar en Esplugues. Lleva toda la vida sola y se está haciendo mayor. Deja que hable con ella y le proponga que le eches una mano en el bar, ya sabes, cargar pesos, lavar platos y tazas, arreglar un enchufe... a cambio de cama y comida. 

Yo me quedaré además más tranquila, porque desde hace tiempo Nuria está perdiendo facultades, olvida las cosas, se le van muchos clientes sin pagar..., la edad... Debe tener casi 70 años y físicamente está bien, pero la cabeza...

Arturo la mira emocionado... Gracias Dafne, este es el momento más difícil de mi vida, mucho más que estar encerrado en una celda lo es estar estigmatizado por haber pasado por la cárcel. No tengo palabras... pero ¿tu prima aceptará el trueque?

Y Dafne sale a cenar con Nuria que es una mujer menuda, nerviosa, activa, nadie diría que tiene la edad que tiene. A Dafne le ha costado convencerla, pero al final ha accedido a tomarse una hamburguesa en el Flash Flash, en memoria de gloriosos tiempos pasados en los que era casi imperativa una tortilla antes de entrar en La Cova del Drac para escuchar algo de jazz o algo de cançó... ¡qué tiempos! comenta Nuria, con lo progre que yo he sido, mírame ahora con mi faldita de tubo y mi rebequita negra.



Frente a la añorada hamburguesa que recuerda más un tartar de ternera que un bocata del McDonalds, Dafne le cuenta la historia de Arturo y le explica su idea.

¿Un expresidiario, Dafne, quieres que meta en mi casa a un ladrón? ¿Qué te pasa, te ha sorbido el seso? ¿Cómo puedo confiar en él? Y ¿por qué no lo metes en tu casa?

Confía en mí, Nuria. Necesito fiarme de mi intuición. Lo sé, es un pálpito, tiene mucho riesgo, pero si sucediera algo, yo me haría cargo de lo que te deba... Se trata de una relación de trueque, él te ayuda en el bar y tú le ayudas a reincorporarse de lleno en la sociedad. No lo meto en casa porque ya le he alquilado la habitación a un escritor y conferenciante, que además la quiere por poco tiempo, que es lo que yo quería, probar con esto del alquiler por un tiempo, nada más.

Y así Arturo se instala en el bar de Nuria. En la trastienda instalan un catre y un pequeño armario, en el patio hay un lavadero que con cuatro apaños Arturo convertirá en una ducha...



Arturo inspecciona a fondo el bar de Nuria. Se trata de un local amplio, antiguo, muy desaprovechado. Apenas tiene clientes, cinco o seis desayunos por la mañana muy tempranito y el café con la partida de dominó de cuatro parroquianos de toda la vida por la tarde... poca cosa más.

Instalado en una de las mesas del bar, Arturo comienza a trazar su plan... y este es el primer esbozo de una tarde productiva de intenso volcar en un papel lo que le ha dado vueltas en la cabeza durante tantos y tantos días tumbado en su celda...

REDBAR Centro para COMPARTIR:



Disfruta de los nuevos servicios del bar de Nuria,
Mayores cuidan de mayores, centro de día de intercambio de conocimiento.
Consultoría intergeneracional: trueque de conocimiento, te ayudo con la contabilidad y me ayudas con alfabetización digital.
Tienda temporal. Disponemos de espacio para venta o trueque de productos para bebé de segunda mano, para alquiler o venta de máquinas de coser o thermomix, alquiler o venta de disfraces de carnaval, productos para la playa... y todo lo que se te ocurra.
Servicios de ayuda antiresaca: Te vengo a buscar a la fiesta/discoteca... y te llevo a casa. Te preparo exquisitos desayunos antiresaca y si lo prefieres, te llevo el desayuno a casa. Si la fiesta ha sido en tu casa, limpio el escenario de la fiesta. 
Repara todo. Reparamos cualquier electrodoméstico averiado. Si no lo conocemos, buscamos quien te lo repare.

Convertir el bar en un espacio de relación en el barrio, de ayuda mutua, de intercambio por una pequeña cuota mensual de socio... ¡A ver qué le parece a Nuria!

Nuria se echa las manos a la cabeza. ¿...Y los permisos? Seguro que esto no es legal. ¿lo vamos a hacer tú y yo solos? ¿Y la publicidad?¡Los del dominó se van a quejar! ¡Esto ya lo hacen en el centro cultural del Ayuntamiento!!!

Pero Arturo mira dulcemente a Nuria, y le susurra... Lo haremos despacito, un día una cosa, otro día otra y así, lentamente nos haremos un pequeño hueco en el barrio. Pocas cosa, muy bien hechas, para ir despertando la curiosidad del barrio. Le pediremos a Dafne que nos ayude, seguro que tiene buenas ideas e intuyo que gran capacidad de gestión... ¡Verás cómo te diviertes y sales de esta monotonía!

Nuria refunfuña por lo bajinis, pero siente de nuevo esas mariposillas en el estómago que presagian que nos estamos entusiasmando con algo... No sé, no sé... probaremos pero al primer tropiezo volvemos a los desayunos y el dominó ¿de acuerdo?

De acuerdo, Nuria, tú mandas... Y Arturo se acuesta en su catre cargado de nuevas ilusiones...

Mientras Dafne se enfrenta a su primer día como "patrona" de su casa. Al llegar de la cena con su prima encuentra la cocina hecha unos zorros. Para hacerse dos huevos fritos  Fran ha utilizado casi todos los utensilios que hay en la cocina. Está todo por fregar y la nevera ha sufrido bajas considerables... Bueno, es su primer día, estará cansado, piensa. Mañana pondremos las cosas en claro.



Pero la historia de esta convivencia será materia del capítulo 11.

lunes, 16 de junio de 2014

‘Golden Workers’, de inmigrantes a residentes digitales en pos de la sabiduría digital

Publicado en el blog de META4 el 10/04/2014


‘Golden Workers’, de inmigrantes a residentes digitales en pos de la sabiduría digital.

por Laura Rosillo el 10/04/2014

 “En tiempos de cambios profundos los que saben aprender heredarán la tierra, en tanto que los que creen saberlo todo se encontrarán bellamente dotados para manejar un mundo que ya no existe más”.
Eric Hoffer.






Mucha gente se sorprende cuando explico que mi pasión es ayudar a las personas a incrementar sus habilidades digitales, ayudarles a “desinfoxicarse” y navegar por las Tecnologías de la Información y la Comunicación con naturalidad y sin complejos, poniendo Internet a su servicio y sumándose al carro de los “colonos digitales”. Desaprender viejos hábitos, para limpios de “polvo y paja” reiniciar nuestra vida profesional, acordes con el nuevo paradigma. Se sorprenden porque no corresponde ni con mi edad, ni con mi trayectoria profesional.
No es de extrañar. Nací ligada a la tecnología, como casi todos nosotros. Soy prematura, tuve prisa por nacer y estrené una de las revolucionarias incubadoras que estrenó la clínica en que nací ese mismo día. Incluso salí en el “Nodo” por esa razón, así que desde el primer momento mi vocación tecnológica y multimedia quedó sellada.
Y así somos muchos de los de mi generación: prematuros. Pisamos la luna, estuvimos en Woodstock, Mayo del 68 o la transición española, hicimos la revolución, sobre todo, la sexual, usamos el primer ordenador de sobremesa PC, inauguramos la época del protagonismo de la juventud…
Y ahora seremos la generación más longeva de la historia de la humanidad y tendremos que trabajar para seguir sobreviviendo muchos años más que nuestros padres. Así que inauguramos también el protagonismo de los “Golden Workers”, trabajadores maduros, porque somos muchos, somos más y porque estamos hechos al cambio… Y el nuevo cambio que debemos afrontar tiene que ver con la digitalización.
Se nos llama inmigrantes o excluidos digitales, pero si miro a mi alrededor cada día tengo más claro que la definición clásica de brecha digital: exclusión digital por edad, nivel educativo, nivel social y sexo, no encaja con gran parte de mis compañeros de generación, ni con las mujeres que conozco, ni con los niveles educativos y sociales que se dan como excluidos.
La definición más moderna de brecha digital la describe como la separación que existe entre las personas (comunidades, estados, países…) que utilizan las Tecnologías de Información y Comunicación (TIC) como una parte rutinaria de su vida diaria y aquellas que no tienen acceso a las mismas y que aunque las tengan no saben como utilizarlas.
Suscribo esta definición porque a las diferencias de contexto social y cultural,  incorpora la voluntad de las personas de subirse al carro de los nuevos hábitos de comunicación y relación. Y ahí está el “quid” de la cuestión, el abismo entre “los que quieren” y “los que no quieren” surfear la nueva ola de la tecnología del conocimiento. La brecha digital está en la participación.
Así que, de nuevo, nos enfrentamos a un problema de “aprendizaje” que ha devenido fundamental en estos “Tiempos Líquidos”, expresión, acuñada por Zygmunt Bauman,  que describe el tránsito de una modernidad “sólida” (estable, repetitiva) a una “líquida”   (flexible, voluble),  en la que las estructuras sociales ya no perduran el tiempo necesario para solidificarse y no sirven de marcos de referencia para los actos humanos. Este nuevo marco implica la fragmentación de las vidas, exige a los individuos que sean flexibles, que estén dispuestos a cambiar de tácticas, a abandonar compromisos y lealtades.
Cambio, aprendizaje continuado… ya no existe el puesto de trabajo para toda la vida, desarrollando la misma función, desde la misma profesión.  Hace unos días recibí a través de LinkedIn un mensaje de Foxize School que resume desde el impacto de un eslogan publicitario, la transformación del mercado laboral:
TU TRABAJO DESAPARECERÁ DENTRO DE 5 AÑOS
TÚ NO
Los nuevos entornos laborales van a exigir del “Golden Worker”, del trabajador senior una nueva reinvención, que presupone fundamentalmente una actitud abierta al aprendizaje continuo, el estar en permanente “estado beta”, en construcción, o como dice la frase popular:
YO NO ENVEJEZCO, EVOLUCIONO
Aprendizaje continuo para incrementar nuestro conocimiento, habilidad para aplicar ese conocimiento de una manera efectiva, aplicación reiterada de conocimientos y habilidades para crear el círculo virtuoso llamado experiencia, que aumenta la productividad.
El aprendizaje pasa hoy inexorablemente por Internet, que se ha convertido en nuestra memoria externa. Como dice Marc Prensky, pensamiento y sabiduría se han convertido hoy en una simbiosis del cerebro humano y de accesorios digitales.  Así, la prioridad del “Golden Worker” debe ser adquirir las competencias digitales que le permitan acceder a la información y las conversaciones que se producen en Internet para su permanente actualización profesional.
No nos queda otra a los “Trabajadores Senior”, a los “Golden Workers”, que evolucionar desde la “inmigración” hasta la “residencia” digital, para continuar con la terminología de Prensky, para el que “el colono o residente digital es una persona que tiene criterio, que filtra, que produce y coproduce. Tiene conocimiento en medios (expresión mediática) y que puede producir. Se autodenomina “prosumidor” (productor-consumidor de información). Vive en red. Se conecta.
Y una vez incorporado, como parte de nuestros hábitos cotidianos, el uso de recursos digitales, el “Homo Sapiens Digital” del que habla Prensky, iniciar el camino hacia la “sabiduría digital”, mejorando nuestras capacidades naturales  con las tecnológicas existentes. Ser capaces de controlar la tecnología digital para que responda a nuestras necesidades.
Así los “bayboomers” seguiremos en la brecha, porque queremos formar parte y participar en la gran transformación social que la Era de la Información y el Conocimiento ha puesto en marcha.

lunes, 9 de junio de 2014

Madurar, un gran invento: Innovación y Golden Workers

No hay productos maduros sino directores maduros. John Quelch. Harvard Business School



Necesitas a alguien que peine canas si quieres que tu empresa sea innovadora. Aunque cuando piensas en personas innovadoras tengas en tu cabeza a jóvenes cambiando el mundo desde un garaje, como Zuckerberg, Bill Gates, Steve Jobs en sus inicios, son la excepción, no la regla.

Se tardan 10 años de media en conseguir la máxima productividad intelectual de un trabajador.
Se tardan 20 años de media desde que un científico tiene una idea brillante hasta que recoge el premio Nobel.

El período formativo inicial se está alargando a medida que se desarrolla la tecnología de la información y la comunicación, hasta el punto que la media de edad del primer empleo en España es de 23 años cuando hace apenas 20 años era de 17 y la edad media de emancipación está en los 29 años.

Si bien las grandes ideas pueden aparecer en la juventud, los innovadores deben invertir muchos años en su formación personal y que el aprendizaje de una serie de conocimientos, teorías y hechos desarrollados por las generaciones anteriores parece un ingrediente necesario para la actividad innovadora.

El alargamiento constante de la esperanza de vida y por tanto el progresivo envejecimiento de la población puede haber alterado el ciclo de vida de los innovadores y además de que se haya alargado el período "instruccional", una persona de 40 años es ahora más joven (está más lejos de la vejez) que una persona de 40 años a mediados del siglo XX. 

Esto podría suponer que una persona en su madurez no sólo convierta una idea en producto, sino que la aparición de nuevas ideas se mantenga a lo largo de toda la vida productiva.

Los prejuicios sobre la productividad y la creatividad de los Golden Workers y la permanencia en un mismo puesto de trabajo durante un montón de años sin variar de función, entre otras razones, son obstáculos y resistencias para activar la creatividad y la innovación de los trabajadores maduros.


Esta reactivación no pasa necesariamente por una inversión en nuevos recursos sino en producir cambios en la organización en cuanto a las formas de pensar, actuar y evaluar la práctica laboral.

La madurez profesional no sólo debe representar la meta de la carrera profesional, sino el inicio de la fase más productiva y creativa de esa vida laboral. El trabajador senior es el que está mejor preparado para evaluar de manera anticipada los posible resultados de la toma de decisiones para resolver problemas profesionales gracias a su experiencia y trayectoria profesional y vital.

Pero para generar esta proactividad, para que el trabajador senior asuma la responsabilidad de reinventarse a sí mismo deben darse las condiciones que lo faciliten: hay que darle autonomía, capacitación, apoyo técnico y mejora de sus condiciones de trabajo, enpoderamiento para resumirlo en una palabra, , justo lo contrario a lo que está sucediendo en muchas empresas en las que se relega al senior a tareas poco creativas y nada innovadoras.

Innovar no significa dejar de lado la experiencia acumulada, no significa abandonar las "buenas prácticas" profesionales, sino revalorizarlas, reinventarlas y enriquecerlas incorporando nuevos conocimientos, nuevos medios y nuevas maneras de hacer.

Reactivar a los Golden Workers pasa por convertirlos en Agentes del Cambio, pasa por hacerles conscientes de la necesidad de transformación de la organización y el necesario papel que debe jugar la experiencia en este proceso de cambio. Que reestructurar procesos y servicios requiere de un conocimiento profundo de la cultura y los valores de la organización y en este sentido los trabajadores senior son los mejores conocedores.




domingo, 8 de junio de 2014

Soledad a cuatro voces. Capítulo, 9 en el corazón de los Golden Workers.

No quiero un futuro, lo que quiero es un presente. Me parece más valioso. Sólo se tiene un futuro cuando no se tiene un presente, mientras que si se tiene un presente, uno hasta se olvida de pensar en el futuro. Robert Walser, Los hermanos Tanner

http://agrega.educacion.es/visualizar/es/es_20071227_1_5009061/false

Dafne va al mercado. Hace meses que no cocina para otros y eso le pone un poco nerviosa. Para no complicarse la vida, idea de primero una ensalada de berros, chicoyas, cebolla tierna, tomate muy picadito, nueces, piñones y pasas, sobre la que regará una ligera vinagreta de mostaza y miel.

Y de segundo, ya que está en Barcelona, mar y montaña, un pollo con gambas que le suele salir buenísimo. Y de postre fresones con vinagre que quedan muy melosos.

Hace tiempo también que no acude al mercado. Le sorprende ver la cantidad de paradas cerradas, ¡dichosa crisis!, pero su verdulería de confianza está abierta, aguanta al pie del cañón.

En la parada sólo está Lali, ¿y tu marido, guapa, lo tienes trasteando cajas de fruta? le pregunta Dafne, -¿el Toni?- responde Lali, ha dejado la frutería, ahora lleva un camión enorme, desde Valencia hasta Amsterdam, o desde Murcia hasta Munich, lo que toque que tanto da, que esto no daba para dos sueldos y da justito para el mío... Y ha tenido suerte de que en la empresa de su primo Mariano se jubilara un camionero, porque no hay faena por ningún lado y con la edad que tiene el Toni, mucho menos. Pasó el examen de camiones, el E y el C1 o como se llame, y ahí lo tienes, rodando por las europas. Y mientras yo me levanto cada día a las cuatro de la mañana para cargar lo mejorcito para mis clientas en MercaBarna... ¡qué tiempos más malos!

Otra reinvención, piensa Dafne, y recuerda que el último taxista que la trajo a casa desde el aeropuerto era arquitecto reconvertido en taxista por culpa (gracias a..., dijo él) de la crisis.


Ya en casa monta la comida en un visto y no visto y abre, para que se oxigene, una botella de Rioja que Manuel guardaba para una ocasión especial.

Sus invitados van llegando en el mismo orden que en su primera visita. Miguel, el matemático aparece con ojeras de haber dormido poco y un brazo de gitano de nata. Fran, el escritor y orador, hecho un pincel y con una botella de vino. Y Arturo, el expresidiario con las manos en los bolsillo y una hermosa y agradecida sonrisa en los labios.

Dafne está un poco azorada. Tres hombres pendientes de ella, que intentan alagarla y ganarse su confianza; se siente como una adolescente rodeada de pretendientes y eso la incomoda pero también le produce un dulce cosquilleo.


Los tres alaban la comida, aplauden la decoración de la mesa y el bienestar que se respira en la casa, los tres aspiran a merecer la habitación de Dafne.

La conversación va deslizándose suavemente hasta el final del segundo plato y Miguel como quien no quiere la cosa lanza la primera pregunta incómoda de la velada: ... Y vosotros ¿cómo habéis llegado a esto, a no tener casa propia, a tener que compartir una habitación?

Un hondo silencio se instala por unos momentos en la habitación, pero rápidamente Fran entra al trapo: Los tiempos están cambiando, Miguel, no sé si te has dado cuenta. Fran no puede evitar un tonillo de superioridad profesoral, las familias ya no son lo que eran, hay casi tantos modelos de convivencia como personas y todo vale. Segundos matrimonios con los hijos de ambos, por ejemplo, conozco un caso en el que se han juntado las dos ex-mujeres de un mismo hombre, pisos de estudiantes de más de 35 años, hijos de mas de 40 que vuelven a casa de sus padres al perder el trabajo... hay de todo.
 
¿Sabéis cuánta gente vive sola en esta ciudad? le corta Miguel. En Barcelona hay un 24% de hogares unipersonales, unas 150000 personas. La soledad es uno de los problemas más frecuentes entre los mayores de 50 años. No os quiero aburrir con estadísticas pero algo habrá que hacer porque las cosas se están poniendo muy difíciles para mantenerse uno mismo; los sueldos bajan, los gastos no..., es normal que la gente busque alternativas como la de compartir piso.

En mi caso, insiste Fran, se trata de una solución transitoria, lo tengo claro. Mi idea es encontrar un nido, un refugio a mi medida y mientras tanto esta es una solución perfecta. No es un hotel, es como estar en familia y puedo buscar mi paraíso con tiempo y tranquilidad.

Yo no tengo alternativa , continua Miguel, la hipoteca de la casa donde viven mi ex-mujer y mi hijo se lleva más de la mitad de mi salario. Antes con dos sueldos, no importaba demasiado, ahora no me permite de ninguna manera alquilar un piso para mí solo. Sólo me queda compartir,... y apenas me quedará para comer. Afortunadamente soy una persona austera y vivo con muy poco.

¿Y tú, Arturo?, increpa Fran, ¿cual es tu caso?

Arturo levanta la mirada. Yo en este momento de mi vida procuro vivir al minuto, olvidar el pasado y paladear cada segundo que me regala el día. Como Miguel, tampoco puedo elegir, o sí, podría decidir (o podrían decidir por mí) vivir en la calle, un cajero, cuatro cartones, iniciar mi peculiar descenso a los infiernos. Os sorprendería escuchar la historia de muchos de los "sin techo". A mí me gustaría no llegar a eso, pero la línea que nos separa de ser excluidos sociales es muy delgada, mucho más delgada que hace unas décadas.


Cuando yo acabé la carrera, estaba convencido de que tenía el camino trillado, que mi vida sería una línea continua ascendente. Si me hubierais dicho entonces que la vida se organiza en ciclos, que mueres y renaces un montón de veces, no lo hubiera creído, todo indicaba ese progreso continuado para todos. Parecía evidente entonces que la vida no iba en zigzag sino de forma lineal cada día mejor, cada día un poco más... Pero la realidad ha sido muy otra. Se parece más a una espiral en la que cada bucle es una etapa y entre etapa y etapa morimos un poco, nos despojamos de los que nos ha sido útil en ese período y desnudos de nuevo, recomenzamos, renacemos a un nuevo ciclo. Dicen que renovamos todas las células de nuestro cuerpo cada diez años... Mis ciclos son más cortos, pero me he reinventado un montón de veces, me he sentido un hombre nuevo varias veces y he sentido que todo lo que constituía mi vida ya no me valía, otras tantas. 

Ahora estoy comenzando un nuevo ciclo. Está todo por estrenar, nuevos valores, nuevas creencias, a qué me dedicaré, de quién me enamoraré, cuáles serán mis lecturas preferidas o los rincones de le ciudad que me darán cobijo. Todo por estrenar...

No está mal la teoría de los ciclos, le corta Fran, pero yo estoy convencido de que cada uno de nosotros puede mover los hilos de su destino, querer es poder, puedes ser "el capitán de su alma", como decía el poema que recitaba Mandela. Creer en uno mismo es fundamental para huir de ese mal fario del que hablas, Arturo. Vuestro problema es un problema de autoestima. La voluntad mueve montañas y la fe en uno mismo es el combustible necesario para recargar continuamente la energía para moverlas. En tiempos de crisis sobreviven los que apuestan por sí mismos...

Dafne les escucha en silencio, pendiente de que en la mesa no falte nada y tan atenta a los gestos como a las palabras.

Fran está ligeramente inclinado hacia atrás, le encanta escucharse a sí mismo y llevar la voz cantante. Tiene una bonita voz de barítono, lo sabe y por eso habla despacio, modulando, casi paladeando las sílabas. Miguel ha ido creciéndose a lo largo de la comida y ahora asiente a cada afirmación de Arturo. Parece el anfitrión de la casa, como si hubiera vivido aquí desde siempre. Se le ve cómodo y confiado. Y Arturo..., Dafne suspira levemente, no puede dejar de mirarle, sus largas y huesudas manos, el pelo gris, la mirada tan profunda y triste de color gris que la tiene hipnotizada, como si tuviera un imán Dafne se recrea en sus palabras, en su boca, en el tono de su voz, Arturo ha tocado su alma.


Su decisión está tomada: alquilará la habitación a Fran, pero no dejará de ver a Arturo. Le interesa la insistencia de Fran en lo transitorio de su situación. Serán unos meses, sólo para probar y percibir esos ingresos que le empiezan a urgir y luego... ya veremos.

Llamaré a mi prima Nuria que vive sola en Esplugues y tiene una casa enorme, se dice, y le pediré que acoja a Arturo por un tiempo, mientras monta su gestoría... Le diré que es un viejo amigo que está de paso por la ciudad... Si lo meto en casa como inquilino, se romperá el hechizo, piensa riendo por dentro...

Y la conversación de sobremesa, ya con los postres y los cafés, sigue su curso.

Ahora es Miguel el que interviene. ¿Sabéis? Con la edad he perdido intensidad. Ya no pongo el corazón en todo lo que hago. Eso hace más soportables los reveses. Como si desayunase bromuro todas las mañanas, nada me exalta ni me hunde. El tono es amargo y esconde el amago de una lágrima, es la mejor manera de contradecir con el gesto lo que ha verbalizado.

¿Recién divorciado? pregunta Fran.

A mí, sin embrago, interviene Arturo, me pasa lo contrario. He ganado conciencia y sentimiento con los años. Soy aquí y ahora más que nunca con toda intensidad. Supongo que porque valoro de forma diferente que cuando era joven cada vivencia, cada minuto que pasa y también porque creo que me conozco a mí mismo mejor que a los dieciocho años. La certeza de que me queda menos por vivir que lo vivido hace que me beba la vida a tragos largos, que cada inspiración llene mis pulmones de aire como si fuera la primera vez.

La tarde se alarga y la conversación languidece por los terrenos de la melancolía. Dafne sabe que ha llegado la hora de comunicarles su decisión. 

Fran, comienza a decir, puedes instalarte en la habitación. Te he escogido porque sé que no estarás aquí mucho tiempo y es lo que me conviene en este momento. Miguel, toma el teléfono de mi amiga Mari Paz, está en la misma situación que yo, aunque vive fuera de Barcelona, pero estará encantada en acogerte. Arturo..., si no te importa quédate un rato más, quiero hablar contigo en privado, creo que puedo ayudarte... Y el corazón incomprensiblemente se le acelera pensando en la posibilidad de quedarse a solas con él.

Dafne y Arturo a solas... en el capítulo 10.







viernes, 6 de junio de 2014

Ampliando (que no saliendo de) la zona de confort. Capítulo 8 de la historia de Dafne

"Llega un momento que es necesario abandonar las ropas usadas que ya tienen la forma de nuestro cuerpo y olvidar los caminos que nos llevan siempre a los mismos lugares. Es el momento de la travesía.Y, si no osamos emprenderla, nos habremos quedado para siempre al margen de nosotros mismos". Fernando Pessoa

Dora Maar 1934

Llegan los resultados de los análisis y Dafne vuelve al ambulatorio. No está Montse y la atiende un compañero suyo absolutamente agobiado porque además de sus pacientes debe atender a los de los dos médicos que están de baja... ¡Dichosos recortes! Despacha a Dafne en dos minutos exactos:Tienes una infección urinaria. Te tomarás este sobre una sola vez, intenta beber dos litros de agua al día y cuida tu higiene. Y eso es todo.

La casa se le cae encima, ¿y si le da algo? Nadie se enteraría. Si me muero, piensa, descubrirán mi cadáver por el olor que saldrá de esta casa... ¡Qué sola estoy, qué triste!

Jee Young Lee
Se le echa encima la noche y la encuentra dándole vueltas a todo lo vivido en las últimas semanas. Está visto, se dice, mi peor enemigo es la soledad. Recuerda que cuando sus hijos eran pequeños buscaba desesperadamente espacios, por breves que fueran, de soledad deseada, escasísimos momentos en los que estar a solas consigo misma.

Pero, este hondo vacío, este continuo parlotear de su vocecita interior en un reproche permanente... es ¡Insoportable!

A las cuatro de la madrugada, después de vueltas y más vueltas en la enorme cama de matrimonio de la que sólo ocupa una pequeñísima parte, llega la iluminación: lo ha visto mil veces en Internet, conoce a un montón de gente que se ha lanzado a ello... alquilará una habitación y así matará dos pájaros de un tiro: no se sentirá tan sola y tendrá unos pequeños ingresos ahora que se están reduciendo dramáticamente sus ahorros.

Alexis Persari

Se levanta decidida y energética, pasa la mañana en IKEA..., transformará la habitación de su hijo en una encantadora habitación de hotel de cinco estrellas.

Montar una habitación de IKEA es una tarea ardua y Dafne llaga a la noche exhausta pero satisfecha. Fotografía la habitación desde todos los ángulos posibles y se sienta frente al ordenador para insertar su anuncio en la web de moda para poner en alquiler una habitación.

Al día siguiente ya tiene tres mensajes en su correo de posibles inquilinos: tres hombres. Habla con los tres y se cita con ellos por separado para enseñarles la habitación.

A las cuatro de la tarde llega Miguel, el primero... La primera impresión no es buena, los hombros hundidos, la mirada huidiza, la ropa algo sucia... parece que esté huyendo de algo. Dafne piensa que no encaja con la habitación que ha preparado. Miguel le explica que es matemático, da clases en una escuela y acaba de separarse. Está buscando una habitación porque su sueldo no le da para pagar dos pisos: la hipoteca del piso donde han quedado su mujer y su hijo y otro piso para él. Comenta que es muy casero, apenas sale de casa. Le gusta pasarse horas y horas diseñando juegos para el ordenador que luego nadie compra pero que a él le apasionan, juegos de lógica y matemáticas. La separación ha alterado sus hábitos, él es muy meticuloso y rutinario... Dafne siente un cierto rechazo, no sabe muy bien por qué, pero le dice que le llamará cuando haya tomado una decisión, hay más personas interesadas y quiere verlas a todas. Miguel se va tan cabizbajo como llegó.

Tommy Ingberg
A las seis de la tarde llega Francisco, llámame Fran, por favor, le dice a Dafne nada más abrir la puerta. Pasa, Fran, y él avanza pasillo adelante sin esperar las indicaciones de la anfitriona... Se le ve decidido, pisa fuerte, enérgico, optimista, fuerte... Me encanta la habitación, le dice a Dafne al acabar el recorrido minucioso por toda la casa, tienes un gusto exquisito y estaré muy a gusto contigo. ¿Por qué buscas una habitación en lugar de un apartamento?, le pregunta Dafne.

¡Oh, se trata de algo transitorio! Acabo de llegar de Bilbao donde he residido dos años y quiero establecerme en Barcelona porque es una ciudad en plena ebullición, ja, ja... Soy conferenciante, consultor, he publicado varios libros sobre desarrollo personal..., autónomo y libre como el viento, ja, ja... Mientras busco un espacio definitivo para instalarme, creo que la opción de compartir la casa contigo es magnífica, ja, ja...

Tommy Ingberg
A Dafne no se le cae la sonrisa de la boca. Este hombre es un encantador de serpientes, piensa, pero la verdad es que transmite optimismo, parece que es él el que me está alquilando la habitación a mí, ja, ja...

Bien Fran, quiero entrevistarme con todos los que han respondido al anuncio. Te llamaré mañana por la tarde para comunicarte mi decisión. Pero Fran no ha dado por acabada la visita. ¿Me invitas a un café? le dice, no quisiera irme sin saber más de ti, ¿por qué alquilas habitaciones? ¿estás casada, tienes hijos..? En fin... cuéntame...ja, ja, ja...

Dafne no puede negarse y los dos se sientan en la mesita de la cocina. Fran no para de hablar, no le da ni un respiro a Dafne que empieza a inquietarse porque ha quedado con Arturo, el tercer candidato a las siete de la tarde... ¿Sabes?, sigue imparable Fran, nos han educado para ser esclavos, "empleados", para servir al "negocio" de otro, yo propongo liberarnos de las cadenas y reinventarnos, emprender nuestro propio camino, ser nuestros propios amos y luchar por aquello en lo que soñamos en la infancia... como Jasón debemos reclamar nuestro reino e ir en busca del Vellocino de Oro. Todos tenemos un héroe dentro y nuestra vida no es más que el eterno camino del héroe hasta volver a su hogar, a su esencia, sabiendo quién es... conociendo el porqué y el para qué de su existencia... De eso hablo en mis conferencias, ¿tu nombre era...?, -Dafne-, ¡ah, sí, Dafne!, nombre de triunfadora... y bla, bla bla..., imposible hacerle callar, imposible meter baza, pero lo que cuenta es... interesante.

Suena el timbre y finalmente Fran se despide al tiempo que llega Arturo, el tercer candidato.

Robert & Shana ParkeHarrison

Su aspecto es algo inquietante y además lleva consigo una bolsa como si ya pensara en instalarse esa misma tarde, pero su mirada es dulce y transmite paz. Dafne le enseña la habitación y Arturo le comenta: Es perfecta, luz y alegría, es lo que necesito. Mira, no voy a engañarte, acabo de salir de prisión, he estado dos años encerrado por un desfalco que hice al banco en el que trabajaba. Ya he cumplido, me gustaría tener la oportunidad de volver a comenzar. Por eso he cambiado de ciudad, aquí nadie me conoce y nadie sabe, excepto tú, mi historia. A mi edad no espero encontrar trabajo, pienso montar una gestoría para llevar las cuentas de pequeñas empresas y autónomos, liquidarles el IVA, hacerles la declaración de Renta, ya sabes, la pequeña contabilidad de cada día. Por eso te pido que me des un margen de un mes para empezar a pagar por la habitación. Ahora sólo tengo el peculio de la cárcel que apenas me dará para comer una semana.

Dafne está impresionada y desconcertada. Por un lado la historia la atemoriza pero piensa también que Arturo merece una segunda oportunidad. Mira, le dice, yo también te seré sincera, habéis contestado al anuncio tres personas, los tres podríais ser buenos inquilinos. Yo estoy buscando algo más que unos ingresos extra, estoy buscando a alguien con quien sea fácil convivir y que yo sienta que somos compatibles, que tenemos cosas en común. Déjame unos días para pensármelo, para decidir quién de los tres se acerca más a lo que estoy buscando...

Arturo coge su bolsa y se despide de Dafne. Quiero pensar, dice, que no tendrás en cuenta mis errores pasados. Gracias por haberme escuchado. Y se va dejando a Dafne en un mar de dudas y con la certeza de que cada ser humano esconde mil y una historias y un secreto que oculta celosamente y que es precisamente lo que condiciona su presente. ¿Qué hacer para llegar al fondo de alguien?¿Cómo ver más allá de la historia que cuenta, más allá de la ropa que viste, de la primera impresión que causa?

Al día siguiente Dafne llama por teléfono a Miguel, a Fran y a Arturo y les invita a comer a los tres. Pero lo que suceda en esa comida será material del siguiente capítulo.

Marek Piasecki

miércoles, 4 de junio de 2014

Transmisión del conocimiento tácito: Storytelling como experiencia social.

Yo lo único que he querido hacer en mi vida -y lo único que he hecho más o menos bien- es contar historias. Pero nunca imaginé que fuera tan divertido contarlas colectivamente. Les confieso que para mí la estirpe de los griots, de los cuenteros, de esos venerables ancianos que recitan apólogos y dudosas aventuras de Las mil y una noches en los zocos marroquíes, esa estirpe, es la única que no está condenada a cien años de soledad ni a sufrir la maldición de Babel. 
(...)
Modestamente, me considero el hombre más libre del mundo -en la medida en que no estoy atado a nada ni tengo compromisos con nadie- y eso se lo debo a haber hecho durante toda la vida única y exclusivamente lo que he querido, que es contar historias. Voy a visitar a unos amigos y seguramente les cuento una historia; vuelvo a casa y cuento otra, tal vez la de los amigos que oyeron la historia anterior; me meto en la ducha y, mientras me enjabono, me cuento a mí mismo una idea que venía dándome vueltas en la cabeza desde hacía varios días... Es decir, padezco de la bendita manía de contar. Y me pregunto: esa manía, ¿se puede trasmitir? ¿Las obsesiones se enseñan? Lo que sí puede hacer uno es compartir experiencias, mostrar problemas, hablar de las soluciones que encontró y de las decisiones que tuvo que tomar, por qué hizo esto y no aquello, por qué eliminó de la historia una determinada situación o incluyó un nuevo personaje... 
Gabriel García Márquez - Para contar historias.




Desde hace miles de años nos contamos historias para dar sentido al mundo que nos rodea y para establecer conexiones entre los demás y nosotros mismos que nos hagan sentir miembros de la tribu.

Las historias más eficaces son inclusivas, no exclusivas. Su éxito consiste en activar nuestra afinidad a través de las experiencias comunes y las historias compartidas. La conversación hace posible compartir y revisar nuestras historias con las de otros y cualquier historia es para mí más relevante si la puedo compartir y debatir de forma colectiva.

Y ahora, gracias a las tecnologías sociales, puedo mantener conversaciones globales en tiempo real de forma rutinaria y un gran ejemplo de esto que digo son los grupos de WhatsApp. Las tecnologías sociales como Facebook, LinkedIn o Twitter me permiten comunicarme a distancia con gente a la que probablemente no conozco, amplificando así mi capacidad de comunicación e interrelación con otros, permitiéndome compartir conocimiento y enriqueciendo mi propia experiencia con la experiencia de otros.

A través de las historias transferimos nuestro conocimiento tácito, es decir, el conocimiento que se construye a partir de la práctica continuada, a partir de la experiencia más la capacidad de reconocer patrones ante una variedad amplia de contextos y seleccionar la información pertinente para extrapolarla al problema ante el que nos hallamos y así construir la respuesta adecuada.



Nonaka y Takeuchi explican la necesidad de transferir el conocimiento tácito de los seniors de la organización a los juniors, esto es transferir experiencia para que el profesional poco experimentado o que se incorpora a una nueva función inserte en su propia práctica profesional la experiencia de otro profesional más experimentado y así poder construir modelos que contengan más respuestas posibles ante cualquier nueva situación.

Estos autores saben de la dificultad de la transmisión de la experiencia, del conocimiento tácito, y sugieren dos procesos que lo hacen posible: La socialización y "aprender haciendo".

La socialización supone un proceso de intercambio de experiencias, de modelos mentales y de habilidades técnicas. La transferencia de conocimiento se realiza de manera informal a través de una conversación, de la observación de los compañeros, explicando o escuchando una anécdota, una historia, un ejemplo... El conocimiento tácito puede transferirse incluso sin intención deliberada de enseñar o aprender.

Los "Golden Workers", los trabajadores "expertos", pueden ayudar a interpretar acontecimientos, entender la tecnología, gestionar el negocio o el servicio, e identificar los valores y las normas de la organización. Y esta ayuda puede ofrecerse a través del mentoring y la narración de historias (storytelling).



A través de los mentores (entendiendo siempre el mentoring como un proceso peer-to-peer, es decir, contemplando también el mentoring inverso), pueden "aprenderse" habilidades críticas, sistemas de gestión y adquirir las normas y valores de la organización.

Gran parte del aprendizaje que se produce en una organización proviene de la observación del comportamiento experto. Copiamos aquello que vemos realizar con seguridad y oficio, con "maestría" y en muchas ocasiones nos acercamos al "maestro" para que nos "cuente" cómo lo hace y tomar buena nota de sus palabras. El storytelling propone sistematizar la recogida de estas historias de práctica experta y de esta manera capturar de forma narrada las buenas prácticas que se producen en la organización con el fin de que no se pierda ese conocimiento.



Historias que explican el pasado de la organización, la carrera profesional de sus empleados, los diferentes acontecimientos exitosos o no, aquello que cambió las cosas... Historias que reflejan los valores y la cultura de la organización y forman parte del conocimiento colectivo ayudando a construir una visión compartida, dando sentido a decisiones pasadas, proporcionando un camino hacia el futuro de la organización.

Las historias profesionales nos permiten compartir conocimiento tácito, desarrollar la confianza y el compromiso, generar conexiones emocionales entre los miembros de la organización... construir enfin la inteligencia colectiva de la organización.